El tiempo feliz tiene una extensión muy visible en el país de la memoria y, además, un clima propicio y una luz deliciosa pero es evanescente, se desmorona apenas evocado, muy a menudo sólo quedan de él esbozos fugitivos, fogonazos.

JOSÉ MARÍA MERINO

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07 junio 2013

¿UNA FUTURA ESCRITORA?


               Noelia Ortega Troncoso es una alumna que, entre otras muchas virtudes, tiene la de su gusto por la lectura y la escritura.



               Os ofrecemos un cuento que ella ha escrito. No lo hemos retocado. Con sus virtudes y sus defectos, ahí va:

EL ÁRBOL DE LOS CUENTOS

CAPITULO  I

Hace veinte años Alberto cayó a un pozo que contenía agua, sus familiares pensaron que falleció, que quedaría un hueco irreparable en la familia, que no volveríamos  a ver su pelirrojo pelo, ni su sonrisa, tan llena de gracia e ingenuidad.

Años después, mi hermano Eloy, rubio con los ojos azules, de mediana edad, fuerte, pero no muy listo, sacaba agua del pozo al que nadie se había vuelto  a asomar, sacó junto con el agua una botella que contenía un mensaje, el cual decía: “Este es un mundo como otro cualquiera”. Cuando mi hermano Eloy lo leyó (pero no lo comprendo) y se lo lleva a mis padres, mi madre, rubia y con unos ojos verdes, dijo a mi hermano:”va, esta botella deben haberla tirado al pozo unas gamberros, para  gastar una broma al que lo recogiera”.

Dicho esto, dejó el papel sobre una mesa, y se fueron. Como vi que mi hermano se quedó  un poco decepcionado, por la falsa pista de Alberto, (pues Eloy pensaba que Alberto estaba aún vivo), fui hacía él con intención de consolarle, pero Eloy me sorprendió con un movimiento brusco al que acompañaba unas palabras que exclamaba, las cuáles decían: “Las letras”.



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Ana Santos

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